En el escenario digital del Imperial Theater de Broadway, las estrellas de la nueva reinterpretación del musical de 1984 ‘Chess’ —que narra la rivalidad entre maestros de ajedrez estadounidense y soviético y la mujer atrapada entre ellos— miran hacia la Octava Avenida con seriedad. Aaron Tveit, Lea Michele y Nicholas Christopher protagonizan esta ambiciosa puesta en escena, presentada como una versión madura y sofisticada de un musical a menudo relegado al olvido.
Sin embargo, lo que sucede dentro del teatro complica y contradice esta sobria estrategia de marketing. La versión del director Michael Mayer, estrenada el 16 de noviembre, enfrenta al musical ambientado en la Guerra Fría contra sí mismo en un despliegue a veces deslumbrante y otras caótico. “Chess” es un musical notoriamente amorfo, concebido originalmente por Tim Rice y con música de Benny Andersson y Björn Ulvaeus de ABBA. Tras un exitoso debut en el West End en 1986, fracasó en Broadway en 1988, y sus múltiples revisiones han alterado significativamente su ADN. Lo que se mantiene es su música, una mezcla de pop de los 80 y opereta, apreciada por muchos fans por sus pegadizas melodías, algunas de las cuales fueron éxitos radiales.
Michael Mayer, conocido por su trabajo en “Spring Awakening”, se asocia con el guionista Danny Strong para dar a “Chess” un nuevo empaque. La geopolítica y la ansiedad nuclear amplían el alcance de la obra, pero estas preocupaciones apocalípticas se abordan desde una perspectiva contemporánea. El personaje de The Arbiter ha sido transformado en un narrador omnisciente, interpretado con ingenio por Bryce Pinkham, quien contextualiza la trama para el público actual, explicando lo que estaba en juego durante la Guerra Fría y la relevancia del musical.
La obra incorpora referencias sardónicas a su propia naturaleza, reconociendo su carácter anticuado. Aunque algunas bromas conectan el pasado con titulares recientes de forma forzada, la autoconciencia brechtiana del espectáculo aporta un toque de modernidad. Mayer y Strong presentan una lección de historia pop, utilizando el musical de 40 años como vehículo para reflexionar sobre cómo las tensiones pasadas informan las pesadillas presentes.
Esta ironía tiene un costo, ya que tres estrellas principales parecen esforzarse por interpretar “Chess” de manera convencional. Nicholas Christopher, como el prodigio ruso Anatoly, impresiona con su voz en “Anthem”. Lea Michele, como Florence, defiende los números de su personaje con gran energía, aunque su actuación resulta algo plana. Aaron Tveit, en el papel de un ex niño prodigio venido a menos, brilla en “Pity the Child”, un momento donde el melodrama puro de “Chess” se impone. Sin embargo, la estructura de Mayer, con su llamativa iluminación y escenografía industrial, parece desvirtuar la intensidad de las interpretaciones, dejando a estos talentosos artistas en una encrucijada creativa.































