La nueva adaptación de Edgar Wright, “The Running Man”, llega a las pantallas con una premisa distópica basada en la novela de Stephen King. La película, ambientada en un futuro cercano donde una corporación todopoderosa controla la información y mantiene a la población bajo control a través de violentos concursos televisivos, busca reflejar la creciente relevancia de las advertencias del libro. Sin embargo, a pesar de su acción y adrenalina, la cinta termina sintiéndose vacía y deja dudas sobre el carisma de Glen Powell como protagonista.
La trama se centra en Ben Richards (Powell), un hombre con un historial laboral problemático que necesita desesperadamente dinero para comprar medicamentos para su hija enferma. Ante la imposibilidad de cubrir los altos costos farmacéuticos, Ben se inscribe en uno de los concursos de la “Network”, a pesar de la promesa hecha a su esposa de no participar en “The Running Man”, el programa más violento y mortal que ofrece una fortuna inalcanzable. La película expone la precaria situación de los pobres, quienes luchan por sobrevivir en un sistema desigual, con acceso limitado a la salud y dependientes de fármacos del mercado negro.
La cinta se acerca más al material original que la versión de 1987, pero la mezcla de humor irreverente con la sombría crítica social sobre la desigualdad, la pobreza y la opresión policial resulta algo forzada. A pesar de la energía visual característica de Wright, la narrativa cae en una rutina episódica. Ben logra evadir a sus perseguidores, un equipo de élite conocido como los “Hunters”, liderados por el temible McCone (Lee Pace), en un recorrido que abarca escenarios urbanos y rurales, mientras su rostro aparece en todas las pantallas.
El concurso “The Running Man” se desarrolla como un espectáculo en vivo, con una audiencia enardecida que clama por sangre, mientras los espectadores en casa participan activamente a través del programa “Record and Report”, incentivados a delatar a los concursantes para ganar dinero. El carismático presentador Bobby T. (Colman Domingo) narra la acción con comentarios sádicos, pintando a los participantes como villanos, una narrativa completamente ficticia. La película plantea expectativas sobre el destino de Ben y la posibilidad de que logre sobrevivir a la mortal competencia, pero la ejecución general deja una sensación de oportunidad perdida.































