El cineasta noruego-danés Joachim Trier, reconocido por “La peor persona del mundo”, compartió su filosofía sobre la independencia creativa en el Festival de Cine de San Sebastián. Trier enfatizó su inquebrantable política de “corte final” en todas sus producciones, una decisión que, según él, es una responsabilidad moral hacia su equipo y el arte mismo.
Durante una charla ante una audiencia cautivada, Trier, cuyo último filme “Sentimental Value” se exhibe en el festival, explicó que esta postura la adoptó desde su primer largometraje. “Necesito el corte final, lo he tenido desde la primera película”, afirmó. Argumentó que permitir que inversores externos dicten el resultado final de una obra es una falta de respeto al trabajo y la visión de los artistas involucrados, desde el director hasta el director de fotografía. “No es así como se hace el arte”, sentenció, defendiendo la integridad del proceso creativo.
Trier reconoció que esta exigencia ha complicado la financiación de sus proyectos, pero se ha mantenido firme, trabajando principalmente dentro del sistema de financiación europeo. Este sistema, si bien le ha brindado “una plataforma para expresarme con mucha libertad”, también enfrenta amenazas políticas, especialmente de movimientos de derecha que buscan reducir el apoyo estatal a las artes. “Necesitamos apoyo. Y la mayor parte del arte siempre ha sido apoyado por alguien con la intención no solo de ganar dinero, sino de apoyar la expresión y los esfuerzos artísticos”, señaló.
Además de su postura sobre el control creativo, Trier abordó temas personales, como el miedo al fracrollo como padre, que influyó en su más reciente película. También destacó el avance de las directoras en Noruega, que ha propiciado un ambiente de trabajo más equitativo y abierto para todos los cineastas, permitiendo conversaciones más honestas sobre la conciliación entre la vida artística y familiar. El Festival de Cine de San Sebastián se extiende hasta el 27 de septiembre.































