La nueva serie animada de Netflix, “Haunted Hotel”, creada por Matt Roller, explora las razones por las que algunas almas persisten en la Tierra. Según la trama, se debe a asuntos pendientes, ya sea un objeto perdido, una meta no cumplida o una ansiedad no resuelta. Sin embargo, la crítica sugiere que la serie, a pesar de contar con un elenco sólido y chistes decentes, apenas logra ser memorable, quedándose en un nivel de agrado superficial y sin dejar una impresión duradera.
La premisa de “Haunted Hotel” gira en torno a Katherine (Eliza Coupe), quien hereda un hotel plagado de fantasmas. El establecimiento, que lucha por ser rentable, alberga a docenas de espectros de diferentes épocas y causas de muerte, además de los pocos huéspedes vivos. Katherine, además, es madre soltera de dos hijos: el torpe adolescente Ben (Skyler Gisondo) y la maquiavélica preadolescente Esther (Natalie Palamides). Completa el peculiar grupo Abaddon (Jimmi Simpson), un demonio confinado en el cuerpo de un niño del siglo XVIII, cuya personalidad combina arrogancia infantil con un encanto particular.
La serie, que recuerda a otras producciones como “Ghosts” de CBS, no logra destacar con una identidad propia. Aunque posee un humor ameno y nunca resulta desagradable, pocos de sus chistes son lo suficientemente ingeniosos como para ser recordados. Su vena sentimental se maneja con tal ligereza que las expresiones de afecto entre los personajes resultan sorprendentes. Visualmente, la animación sigue un estilo colorido y pulido, familiar para quienes han visto series animadas para adultos en las últimas décadas, sin grandes alardes estilísticos que la hagan destacar. Si bien introduce elementos intrigantes, como los “death day loopers”, rara vez profundiza en ellos.
El elenco es uno de los puntos fuertes de “Haunted Hotel”, con actores como Will Forte y Skyler Gisondo, quienes interpretan sus roles de manera muy competente, aprovechando la familiaridad del público con sus voces. No obstante, a excepción de Esther, interpretada por Natalie Palamides, cuyos momentos de vulnerabilidad rompen su fachada sarcástica, los personajes principales carecen de desarrollo más allá de sus arquetipos. Las relaciones entre ellos tampoco poseen la profundidad necesaria para generar una conexión emocional con el espectador, resultando en una familia agradable pero sin la complejidad o singularidad necesarias.
A pesar de las situaciones extravagantes que presentan los episodios, como la contratación de un exorcista o la llegada de un culto demoníaco, la serie a menudo se siente predecible y carente de giros sorprendentes o emociones genuinas. Sin embargo, hay momentos notables, como la trama secundaria de un cuarto de hotel celoso y posesivo que acosa a Katherine, o una secuencia de viaje en el tiempo que permite a un personaje expresar su amor de una manera conmovedora. Estos momentos, donde la serie se permite ser un poco más oscura o emotiva, son los que revelan su potencial, alejándose de una uniformidad excesivamente agradable pero superficial.































