El legendario actor Robert Redford, conocido por su carisma y éxitos de taquilla como “Dos hombres y un destino”, se sentía un outsider en Hollywood y buscaba un mayor control sobre su carrera. A pesar de su fama, Redford era crítico con el sistema de estrellas, afirmando: “Te lanzan esa palabra ‘estrella’ a la ligera, y te la quitan a la ligera si tus películas fracasan. Asumes la responsabilidad de su película de mala calidad, eso es todo lo que significa”.
En julio de 1972, durante una gira promocional en Florida, Redford experimentó el poder de su convocatoria al atraer más gente que algunos políticos. A pesar de la admiración del público, a menudo bromeaba diciendo “No tengo absolutamente nada que decir”. Sin embargo, detrás de esta fachada, Redford tenía un propósito claro: utilizar su influencia para impulsar el cambio social progresista, con un enfoque particular en el medio ambiente y los derechos de los nativos americanos.
Impulsado por su propia experiencia al distribuir la película “Pequeño gran hombre” en 1969, Redford se dio cuenta de las dificultades que enfrentaban los cineastas independientes para distribuir sus obras. “Pensé, a quién hay que ayudar”, recordó. Esta convicción lo llevó a fundar el Instituto Sundance y su famoso festival de cine, ambos nombrados en honor al personaje de ” Sundance Kid” que interpretó.
El Instituto Sundance se convirtió en un refugio para cineastas emergentes, brindándoles apoyo para desarrollar su voz artística y exhibir sus películas. El Festival de Cine de Sundance, que se celebra anualmente en enero, es ahora el evento más importante del calendario independiente, un punto de inflexión crucial para muchos directores, como Quentin Tarantino, quien describió la ansiedad de esperar la aceptación de su película “Reservoir Dogs”.
El legado de Robert Redford trasciende su carrera actoral, consolidándose como un pilar fundamental en el apoyo y la promoción del cine independiente a nivel mundial a través del Instituto Sundance.































