El cine peruano, al igual que el de otras latitudes, enfrenta un desafío creciente: capturar la complejidad de la vida en línea y su impacto en la sociedad. La reciente película “Eddington”, del director Ari Aster, aunque aborda temas como el trumpismo y el extremismo, no logró conectar con la taquilla. Su estreno en Cannes recibió críticas mixtas, y su temática “Very Online” podría haber desanimado al público, acostumbrado a consumir contenido digital de forma individual.
La brecha entre el arte tradicional y la cultura digital se amplía. Si bien antes era fácil distinguir entre la vida “real” y la virtual, hoy en día gran parte de nuestro tiempo transcurre en línea. Ignorar esta realidad en el cine resulta anacrónico, especialmente cuando la violencia a menudo germina en el ciberespacio. “Eddington” intenta plasmar la colisión entre lo virtual y lo real, mostrando cómo internet puede invadir una pequeña ciudad. A pesar de sus ambiciones, la película no encontró eco en el público, lo que podría desalentar a otros cineastas a explorar estas temáticas.
Películas como “Searching” o “We’re All Going to the World’s Fair” han intentado integrar la tecnología y la vida digital en la narrativa cinematográfica, pero el medio aún necesita más intentos para reflejar esta faceta crucial del siglo XXI. La reciente serie “Adolescence” de Netflix, si bien aborda la radicalización en línea, se enfoca en las consecuencias offline. Futuras producciones como “The Savant” de Apple prometen indagar en los rincones oscuros de internet, pero queda por ver si lograrán mostrar la depravación sin edulcorarla.
La dificultad de dramatizar la pasividad física de estar frente a una pantalla es un obstáculo. Películas como “Eighth Grade” demostraron que es posible fusionar la vida en línea con la experiencia real, pero su éxito comercial fue limitado. El cine debe encontrar nuevas formas de representar la vida digital para seguir siendo relevante, especialmente al abordar la política contemporánea, donde internet es un incubador fundamental de ideologías. Ignorar esto pone en riesgo la capacidad del cine para iluminar la experiencia humana en su totalidad.































