El biopic ‘I Swear’, que narra la vida de John Davidson, un activista escocés con síndrome de Tourette, se estrena con una doble impresión: es un conmovedor relato sobre la superación personal, pero también cae en la didáctica de los dramas televisivos de antaño. La película, ambientada principalmente en los años 80 y 90, explora las dificultades que enfrentó Davidson debido a su condición, que causa movimientos involuntarios y verbalizaciones incontrolables, en una época donde el Tourette era poco comprendido. A pesar de los obstáculos, el carisma y la resiliencia de Davidson, interpretado por Robert Aramayo, brillan con fuerza. La cinta, presentada en el Festival Internacional de Cine de Toronto, busca humanizar la experiencia del Tourette, mostrando tanto los momentos de vergüenza como las luchas contra la incomprensión social y legal. El filme destaca por las sólidas actuaciones de su elenco secundario, incluyendo a Maxine Peake, Shirley Henderson y Peter Mullan, quienes aportan profundidad a la narrativa. La estructura del filme sigue la fórmula biográfica clásica, comenzando con un evento significativo en la vida de Davidson y retrocediendo para explorar sus orígenes y desarrollo. Se observa su infancia en Escocia, los primeros síntomas de su condición y el impacto en su familia, especialmente en su madre, quien inicialmente lucha por comprender y aceptar la enfermedad de su hijo. La trama avanza mostrando cómo Davidson, a pesar de las adversidades y un diagnóstico tardío, logra encontrar un propósito como defensor de las personas con Tourette. Un punto álgido es una escena donde interactúa con una joven afectada, compartiendo sus experiencias de manera cruda y emotiva. Dirigida por Kirk Jones, conocido por comedias familiares, ‘I Swear’ se beneficia de una ejecución pulida y momentos emotivos bien logrados, apoyados por una cuidada fotografía y una banda sonora pegadiza de la época. La película culmina con una nota de esperanza, anticipando el reconocimiento que Davidson recibiría más tarde por su labor, dejando al espectador con una sensación de inspiración y empatía hacia quienes viven con el síndrome de Tourette.































