El cineasta Steven Soderbergh regresa con “The Christophers”, una comedia de arte que explora la codicia, la falsificación y las dinámicas familiares en el mundo del arte. La película, protagonizada por Michaela Coel e Ian McKellen, se presentó en el Festival Internacional de Cine de Toronto.
La trama gira en torno a los descendientes de un pintor célebre, quienes buscan capitalizar el legado de su padre tras su muerte. La historia se centra en Julian Sklar (McKellen), un pintor de renombre cuyo prestigio ha disminuido con el tiempo, pero que ha encontrado notoriedad en un programa de televisión de competencia artística. Sus hijos, Barnaby y Sally, interpretados por James Corden y Jessica Gunning, respectivamente, planean completar y vender una serie de obras inacabadas de su padre para saldar sus deudas.
Para llevar a cabo su plan, recurren a Lori Butler (Coel), una antigua conocida de Sally con una habilidad excepcional para la restauración y falsificación de arte. Lori, cuya carrera en restauración ha fracasado, se ve envuelta en la trama bajo la promesa de una parte de las ganancias y la oportunidad de vengarse de Julian. La película destaca por el duelo actoral entre Coel y McKellen, quienes encarnan personalidades opuestas que encuentran un terreno común.
Soderbergh, quien también se encargó de la fotografía y edición bajo seudónimos, adopta un estilo visual más libre y juguetón, con cámara en mano y encuadres ágiles que realzan las interacciones entre los personajes. La química entre Coel y McKellen es uno de los puntos fuertes, generando una tensión y un entendimiento complejos a lo largo de la narrativa.
“The Christophers” se presenta como una obra ingeniosa que, a pesar de algunos altibajos en el ritmo, ofrece un retrato mordaz del mundo del arte y las relaciones humanas marcadas por el interés y la ambición. La película promete mantener al espectador enganchado con sus giros argumentales y diálogos afilados.































