El director Derek Cianfrance, conocido por sus trabajos con material de tinte melancólico y exploraciones de la clase trabajadora, regresa con “Roofman”, una película que aborda temas recurrentes pero con un tono más ligero y con toques de comedia y romance. La cinta, presentada en el Festival Internacional de Cine de Toronto, se centra en la historia real de un ladrón conocido como “Roofman” y la improbable pero conmovedora relación que desarrolla.
Protagonizada por Channing Tatum en uno de sus papeles más emotivos, “Roofman” narra la vida de Jeffrey Manchester, un criminal que operó a finales de los 90 y en 2004. Descrito como un individuo de inteligencia excepcional pero también propenso a errores tontos, Manchester se enfrenta al dilema de ser una buena persona y cuidar a sus seres queridos a través de medios ilícitos. Sus robos, que consistían en acceder a tiendas de franquicias de comida rompiendo sus techos, se caracterizaban por su método y, sorprendentemente, por la cortesía con la que trataba a sus víctimas, llegando incluso a prestar su abrigo a un empleado en una escena destacada.
La película, coescrita por Cianfrance y Kirt Gunn, no justifica la criminalidad de Manchester, pero expone las razones de sus desesperadas acciones. Como veterano del ejército con dificultades para mantener el contacto con sus hijos tras su regreso a Carolina del Norte, Manchester ve en la observación detallada de sus objetivos delictivos una forma de conseguir dinero para un futuro mejor. Sin embargo, su captura y posterior sentencia de prisión ponen fin a este plan.
Un giro extraordinario de la historia real es la ingeniosa fuga de Manchester de la prisión y su vida oculta durante meses en un centro comercial. Tatum da vida a un personaje que, a pesar de su situación, logra ganarse la simpatía de algunos guardias y planificar su escape. Más tarde, mientras vive escondido en una tienda de juguetes, utiliza su ingenio para adaptarse a su entorno, incluso interviniendo cuando presencia el trato poco empático del gerente de la tienda hacia una empleada, Leigh, interpretada por Kirsten Dunst.
La relación que surge entre Jeff (Manchester) y Leigh, quien desconoce su verdadera identidad, es dulce y sincera. La actuación de Tatum evita la ostentación, transmitiendo una necesidad emocional de pertenecer a una familia que conmueve. Dunst, por su parte, aporta una naturalidad y una profundidad que reflejan la cautela de alguien que ha pasado por un divorcio, pero también la apertura para encontrar calidez y compañía. La química entre ambos actores es un punto fuerte de la cinta, que promete ser un encantador relato agraciado por la melancolía y la esperanza.































