La película francesa de ciencia ficción “Dog 51” (Chien 51), dirigida por Cédric Jimenez, se presentó en el Festival de Venecia, ofreciendo un thriller distópico que, a pesar de su trama sobre algoritmos y su impacto social, parece carecer de originalidad. Protagonizada por Adèle Exarchopoulos y Gilles Lellouche, la cinta explora la caza de un asesino en un París futurista, pero recae en clichés de películas del género como “Children of Men” y “Blade Runner”, según señalan las críticas.
La trama sigue a dos agentes de policía, Zem (Lellouche) y Salia (Exarchopoulos), quienes investigan un crimen en una sociedad controlada por inteligencia artificial y marcada por una profunda división de clases. La película destaca por su estética visual, con efectos especiales que recrean una metrópolis futurista al estilo “Blade Runner”, y por la química entre sus protagonistas. Sin embargo, la crítica apunta a que la dirección de Jimenez, aunque enérgica, resulta predecible y se apoya excesivamente en referencias a películas anteriores, lo que genera una sensación de “déjà vu” en el espectador.
Un elemento curioso de “Dog 51” es su anacronismo estilístico, con personajes que lucen peinados de los años 90 y referencias musicales de décadas pasadas, como una escena de karaoke con “What’s Up” de 4 Non Blondes. Este contraste entre el futuro distópico y guiños a épocas anteriores es uno de los pocos momentos que buscan romper la fórmula, aunque algunos críticos sugieren que el tono general de la película es demasiado serio, a diferencia de otras cintas de ciencia ficción con toques de humor.
La cinta, que cuenta con un presupuesto considerable financiado por Canal+ y Netflix, aborda temas relevantes como la brecha social, la militarización policial y la omnipresencia de los algoritmos en la vida cotidiana. A pesar de los esfuerzos de Exarchopoulos y Lellouche por dotar de humanidad a sus personajes, la película es criticada por ser artificial y predecible, dejando al espectador con la sensación de que, si bien la tecnología pudo recrear el mundo, no logró generar una conexión emocional genuina.
En resumen, “Dog 51” es un thriller distópico visualmente potente pero narrativamente derivativo. Si bien logra plantear preguntas sobre el futuro y la tecnología, su falta de originalidad y su tono a veces predecible hacen que sea una experiencia cinematográfica fácil de olvidar, a pesar de sus ambiciones temáticas y su elenco reconocido.































