Aziz Ansari incursiona en la dirección de largometrajes con “Good Fortune”, una sátira que revisita el “sueño americano” a través de un lente nostálgico, similar a “It’s a Wonderful Life” y “Trading Places”. A pesar de las intenciones y los momentos genuinamente cómicos, la película lucha por fusionar sus elementos satíricos con su mensaje central, resultando en un conjunto algo desarticulado.
La cinta destaca por la participación de Keanu Reeves, quien interpreta a un “ángel guardián de bajo presupuesto” llamado Gabriel, ansioso por trascender sus tareas celestiales. Reeves, recordando sus roles en “Bill & Ted’s Excellent Adventure” y “Parenthood”, se consolida como el arma secreta de la comedia, aportando un humor seco y una actuación convincente a pesar de la aparente inexperiencia de su personaje. La película, que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), llegará a las salas de cine el 17 de octubre.
Visualmente, “Good Fortune” es un homenaje a Los Ángeles. La trama sigue a Gabriel, un ángel en entrenamiento con alas pequeñas y un impermeable, que observa la desigualdad social desde el Observatorio Griffith. Su superior, Martha (Sandra Oh), le instruye sobre la necesidad de encontrar un “alma perdida” para poder salvarla. Este rol recae en Arj (Aziz Ansari), un editor de documentales que lucha por llegar a fin de mes trabajando como gig economy y en una tienda de mejoras para el hogar.
El plan de Gabriel de intercambiar vidas con Arj y un exitoso capitalista de riesgo, Jeff (Seth Rogen), para mostrarle a Arj lo valiosa que es su vida, fracasa cuando Arj prefiere la nueva realidad. Como castigo, Gabriel pierde sus alas y debe vivir como humano, adaptándose a la comida rápida y a un nuevo guardarropa. La transformación de Reeves, de un ser celestial a un fumador empedernido, ofrece momentos cómicos, aunque el guion de Ansari es inconsistente al mezclar comedia y comentario social.
Aunque la película se beneficia del carisma de su elenco y de un tono improvisado en sus diálogos más graciosos, la narrativa se resiente por momentos. Keke Palmer, como Elena, se ve forzada a pronunciar discursos moralizantes que opacan su chispa habitual, y la presencia de Sandra Oh es limitada a pocas escenas. A pesar de sus altibajos, “Good Fortune” logra mantenerse a flote gracias a las buenas intenciones y al atractivo de su reparto.































