La intriga de “Good Boy”, el nuevo drama-comedia negra-thriller del director de “Corpus Christi”, Jan Komasa, resulta ciertamente provocadora. La trama sigue a Tommy (Anson Boon), un joven delincuente que es secuestrado en las calles de Londres y despierta encadenado en el sótano de Chris (Stephen Graham), un hombre que pretende “rehabilitarlo”. Aunque Tommy inicialmente se resiste, sus sentimientos hacia su captor se vuelven cada vez más complejos con el tiempo.
Si bien el concepto de la película logra captar la atención, su ejecución se muestra irregular y no deja una impresión duradera. “Good Boy” se sostiene gracias a las sólidas actuaciones y la extrañeza de su argumento, pero la fragilidad de sus personajes agota la energía del filme mucho antes de sus 110 minutos de duración. La ambientación inicial, con un sótano lúgubre y aislado, junto con la figura de Chris, un hombre aparentemente inofensivo pero con un trasfondo amenazante, evocan elementos de terror.
Chris está casado con Kathryn (Andrea Riseborough), una figura pálida y casi fantasmal, y tienen un hijo, Jonathan (Kit Rakusen), cuya aparente inocencia contrasta con la sombría atmósfera. También está Rina (Monika Frajczyk), una empleada del hogar indocumentada que, aterrorizada, participa en la situación de Tommy. Las reacciones de Kathryn y Jonathan sugieren que no es la primera vez que la familia se encuentra en circunstancias similares, aunque la película ofrece solo pistas vagas sobre sus motivaciones o el pasado.
“Good Boy” intenta explorar temas universales como el conflicto entre libertad y seguridad, pero diluye su premisa inicial. Tommy describe su cautiverio como tortura, pero también muestra vulnerabilidad ante la aparente atención de Chris, sugiriendo una compleja dinámica psicológica. La película también insinúa una crítica a ciertas actitudes generacionales a través de los diálogos de Chris, quien reprocha a Tommy su tendencia a victimizarse, contrastando con su propia privación de libertad.
Las actuaciones de Graham y Riseborough intentan dar profundidad a personajes arquetípicos: el mentor severo, la madre cuidadora y el hijo en peligro. Boon, por su parte, encarna convincentemente al joven problemático. A pesar de los esfuerzos del elenco, los personajes permanecen como figuras simbólicas, sin alcanzar una complejidad que permita al espectador identificarse o empatizar plenamente, a pesar de las referencias explícitas en el título a la sumisión.































