El director italiano Leonardo Di Constanzo presenta “Elisa”, un drama criminal que, si bien se inspira en hechos reales y aborda temas complejos como el crimen, la culpa y la justicia, no logra capturar al espectador con la intensidad esperada.
La película, estrenada en la competencia de Venecia, se centra en Elisa (Barbara Ronchi), una mujer condenada por el asesinato de su hermana. El filme explora su psicología a través de las entrevistas con Alaoui (Roschdy Zem), un experto en criminología que trabaja en un centro penitenciario peculiar en los Alpes. Este lugar, más parecido a un campamento de verano vigilado que a una cárcel, permite a las internas cierta libertad, facilitando el desarrollo de las conversaciones.
El guion, coescrito por Di Constanzo, Bruno Oliviero y Valia Santella, se basa en el trabajo de criminólogos italianos. La trama revela gradualmente las circunstancias que llevaron a Elisa a cometer el crimen, incluyendo flashbacks de su vida familiar y una relación conflictiva con su madre. Elisa, que afirma haber sufrido amnesia durante el acto, comienza a desentrañar su pasado, lo que genera un potencial avance en su caso, aunque también provoca un distanciamiento con su padre.
“Elisa” se distingue por su enfoque más intelectual que visual, presentando diálogos densos y análisis profundos sobre la naturaleza del mal. A pesar de las sólidas actuaciones del elenco, incluyendo a Valeria Golino, la película tiende a ser más descriptiva que emotiva, lo que puede resultar en una experiencia menos inmersiva. La dirección de Di Constanzo, con experiencia en documentales, transmite una visión compasiva hacia los perpetradores, buscando humanizar actos atroces, pero el mensaje final carece de la contundencia necesaria para ser memorable.
En resumen, “Elisa” es un filme que plantea interrogantes valiosos sobre la condición humana y la criminalidad, pero su ejecución narrativa resulta un tanto tibia, dejando al público con una sensación de potencial no del todo aprovechado.































