El documental “Boorman y el Diablo” explora la caótica producción de “El Exorcista II: El Hereje”, una secuela que se convirtió en uno de los mayores fracasos de Hollywood. La película, estrenada en 1977, es recordada por su ambición desmedida y su recepción crítica devastadora, contrastando con el éxito de “La Guerra de las Galaxias” ese mismo año.
Dirigida por David Kittredge, la cinta bucea en los pormenores de un rodaje marcado por los problemas, desde la enfermedad del director John Boorman hasta las excentricidades del reparto. Con un presupuesto considerable y la presión de repetir el éxito de su predecesora, la producción de “El Hereje” se embarcó en un ambicioso proyecto que buscaba explorar la metafísica, alejándose del terror puro que caracterizó a la original.
La película contó con un elenco estelar y efectos visuales innovadores para la época, incluyendo miles de langostas importadas de África. Sin embargo, la visión artística de Boorman, influenciada por el cine de autor europeo, chocó con las expectativas del estudio y del público, resultando en una obra divisiva y criticada. Incluso se menciona la recomendación de Stanley Kubrick a Boorman de duplicar la violencia, propuesta que el director ignoró.
“Boorman y el Diablo” presenta testimonios de quienes estuvieron involucrados en la producción, reconstruyendo escenas del caos en el set y detallando la mala recepción del público y la crítica. A pesar de los intentos de Boorman por salvar la película con cortes y un nuevo final, el fracaso fue innegable, consolidando a “El Exorcista II” como un caso de estudio sobre cómo no hacer una secuela.
El documental, que se presentó en el Festival de Venecia, ofrece una mirada exhaustiva a este desastre cinematográfico, planteando si un fracaso puede, paradójicamente, ser un vehículo para la libertad artística en la industria. La cinta deja al espectador reflexionando sobre los límites entre la ambición creativa y el éxito comercial en Hollywood.































