Amanda Seyfried encarna la agonía y el éxtasis en “El Testamento de Ann Lee”, un audaz épico que invita a la admiración pero no siempre al afecto. La directora Mona Fastvold y su colaborador Brady Corbet presentan una obra ambiciosa que explora la vida de Ann Lee, líder religiosa del siglo XVIII fundadora de los Shakers, acusada injustamente de traición y brujería.
La película, presentada en el Festival de Cine de Venecia, destaca por su banda sonora, con canciones tradicionales adaptadas por Daniel Blumberg, y la representación de los rituales Shaker, caracterizados por el éxtasis y la expresión física. Seyfried ofrece una actuación intensa, sumergiéndose en la fervorosa espiritualidad que impulsó el movimiento. La cinta, de dos horas y catorce minutos, se sumerge en el radicalismo utópico de Lee, quien propuso una sociedad autosostenible con bienes comunales, un ideal que resuena con la disciplina y colaboración de cualquier proyecto creativo.
Sin embargo, la película lucha por equilibrar la visión autoral con una conexión interpretativa más profunda. Si bien Seyfried construye un personaje poderoso en sus convicciones, la falta de detalles íntimos sobre la vida de Lee, cuya historia se conoce principalmente por relatos de terceros, limita la comprensión de su complejidad. La elección de filmar en 70mm y los créditos iniciales sugieren una ambición por crear una pieza complementaria a “The Brutalist”, pero la narrativa carece de la extensión o complejidad temática para sostener tal tratamiento, cayendo en la repetición en lugar de profundizar en la figura central.
El filme ofrece una visión fascinante de la comunidad Shaker, que a pesar de su pico de 6,000 miembros en la década de 1840, hoy cuenta con solo dos creyentes, situándose al borde de la extinción. La narración, a cargo de la joven acólita Mary (Thomasin McKenzie), relata la vida de Ann desde su infancia en Manchester, marcada por visiones y una aversión a los placeres carnales, hasta su encuentro con el movimiento Shaker y su creencia en una figura divina femenina. A pesar de sus aciertos y desaciertos cinematográficos, “El Testamento de Ann Lee” logra sumergir al espectador en una comunidad semi-oscura con creencias únicas.
En resumen, “El Testamento de Ann Lee” es una obra cinematográfica que impresiona por su audacia y la intensidad de su protagonista, pero que podría beneficiarse de una mayor introspección para capturar completamente la esencia de su compleja figura histórica.































