El actor Riz Ahmed asume el icónico papel de Hamlet en una nueva adaptación cinematográfica que busca modernizar la obra de Shakespeare, ambientándola en una comunidad india en Londres. La película, dirigida por Aneil Karia, se presentó en el Festival de Cine de Telluride, generando opiniones divididas sobre su audacia y ejecución.
Desde su inicio, la cinta propone una visión innovadora al comenzar con un ritual de muerte hindú para el padre de Hamlet, marcando el tono de duelo del protagonista. La decisión de situar la historia en el contexto contemporáneo de una comunidad india en Londres se considera un acierto, especialmente cuando la representación del asesinato del rey se transforma en una danza tradicional. Sin embargo, la adaptación enfrenta críticas por algunas elecciones que resultan forzadas o poco convincentes, como la referencia a la empresa familiar “Elsinore Construction Group” o la controvertida escena de “Ser o no ser” durante una conducción peligrosa.
Riz Ahmed, conocido por su intensidad, interpreta a un Hamlet que evoluciona a lo largo de la trama, pasando de la contención inicial a explosiones de furia. A pesar de su fluidez en el lenguaje de Shakespeare, algunos críticos señalan que el ritmo lento y la interpretación contenida del actor pueden restar impacto a la obra. El reparto secundario cuenta con actuaciones destacadas de Art Malik como el duque Claudio y Sheeba Chadha como la reina Gertrudis, mientras que otros personajes, como Ofelia y Laertes, tienen roles minimizados.
La dirección de Karia intenta dotar a la obra de un lenguaje cinematográfico moderno, logrando imágenes impactantes como la aparición del fantasma sobre el paisaje urbano de Londres. No obstante, estas ambiciones visuales a veces sobrepasan el contenido dramático, diluyendo la fuerza de los monólogos y la narrativa. La adaptación del guion, a cargo de Michael Lesslie, introduce cambios que, si bien buscan agilizar la trama, generan inconsistencias con el texto original de Shakespeare.
Si bien la película es un esfuerzo ambicioso por reinterpretar una obra maestra, su ejecución desigual deja un sabor agridulce. El público queda a la espera de ver cómo esta particular visión de Hamlet resonará en audiencias más amplias fuera del circuito de festivales.































